En 1994 se estrenó a nivel mundial la famosa película, The Shawshank Redemption, conocida en España como Cadena Perpetua. En ella, Frank Darabont, genio y problemático afamado director de cine, se encargó de adaptar y plasmar maravillosamente una de las novelas cortas, probablemente menos conocidas de Stephen King, Rita Hayworth y la redención de Shawshank, incluida en la novela Las Cuatro Estaciones.

Para todo aquel que haya tenido el gusto de disfrutarla en algún momento de su vida, o que haya leído la novela, conocerá de sobra la temática del film. Una obra en la que un honrado civil es acusado y procesado por cometer, presuntamente, un horrible crimen y como por ello es sentenciado a cumplir cadena perpetua en la dura prisión de Shawshank.

No entraremos a dar más detalles sobre la película ni sobre la novela, y simplemente animaremos al lector a que si a día de hoy no le ha dado una oportunidad a ninguna de las dos creaciones artísticas,  lo haga en cuanto tenga ocasión. Un servidor, ávido fan de la misma, promete volver a darle un nuevo visionado en cuanto se publique este artículo.

Pero antes de ello, iniciar el presente artículo haciendo referencia a dicha película tiene su por qué. Más aún si se atiende al título que encabeza el presente. En dicha película, el personaje interpretado, todo hay que decirlo de forma magistral, por el siempre maravilloso Morgan Freeman, en un momento intenso de la película en el que se refieren a un preso en concreto, dirige al resto de sus compañeros una frase de un profundo calado. Dice así:

“Ese hombre se ha pasado aquí más de 50 años Heywood. 50 años, no conoce otra cosa, aquí dentro es un hombre importante, es un hombre culto, fuera de aquí no es nada, un viejo inútil con artritis en las manos, no podrá conseguir un puñetero trabajo. Créeme estos muros embrujan, primero los odias, luego te acostumbras y al cabo de un tiempo llegas a depender de ellos, eso es institucionalizarse.” 

 He de confesar que habré visto la película miles y miles de veces, y aunque dicha parte siempre me ha parecido un sensacional momento cinematográfico, no ha sido hasta ahora, cuando las noticias en los medios de comunicación de éste país nos sacuden sobre la temática referente a las prisiones en España y su función final para con respecto a los presos y su vida futura, cuando he pensado realmente en lo necesario y lo beneficioso que es para una sociedad democrática y moderna, como deseamos que sea la nuestra, contar entre sus leyes con un artículo como el 25.2 de nuestra Constitución, que prevé la reinserción social para los presos.

La virtud de este citado artículo viene a decir que “las penas privativas de libertad y las medidas de seguridad estarán orientadas hacia la reeducación y reinserción social y no podrán consistir en trabajos forzados. El condenado a pena de prisión que estuviere cumpliendo la misma gozará de los derechos fundamentales de este Capítulo, a excepción de los que se vean expresamente limitados por el contenido del fallo condenatorio, el sentido de la pena y la ley penitenciaria. En todo caso, tendrá derecho a un trabajo remunerado y a los beneficios correspondientes de la Seguridad Social, así como al acceso a la cultura y al desarrollo integral de su personalidad”.

 El contenido está claro, pero, ¿qué entendemos exactamente por reinserción social? Atendiendo a la doctrina y a la jurisprudencia española, el artículo 25.2 de la Constitución no viene a establecer un derecho absoluto, sino simplemente a poner en marcha una serie de mecanismos que hagan que personas que han cometido un delito -varios en muchos casos- puedan tener una segunda oportunidad en la vida y no queden de por vida marginados de la sociedad.

Es cierto y nadie discute que quien ingresa en prisión es porque ha cometido algún tipo de delito penal, sí. Pero la finalidad de la norma va encaminada a que no por ello deba pagar con todos los años de su vida.

En abril de 2018, Javier Nistal Burón, Subdirector General de Tratamiento y Gestión Penitenciaria, concedía una entrevista en la que resaltaba que el 31% de los presos españoles volvían a reincidir cometido algún ilícito legal. Pero que ello quería decir que un 69% del mismo colectivo conseguía la reinserción en la sociedad.

Según como se mire podemos decir que son cifras altas o bajas en cualquier sentido. Pero quiere esto decir que, puede ser cierto que la finalidad de la reinserción social que busca nuestro ordenamiento jurídico este sufriendo algún que otro revés, y de los duros. Puede, que las medidas que se estén usando para lograrlo no sean las mejores, o que requieran de ciertas reformas, de más controles, de más sensatez, o de gente más cualificada para llevarlas a la práctica.

Pero lo que entiendo que es innegable, y quizás juegan en contra mis principios de joven abogado, es que no concibo un sistema penitenciario en el que una persona pueda pasar en prisión su vida para con ella pagar por el delito que cometió. Entiendo que es excesivo.

Acaso no nos planteamos, como ocurre en la película mencionada, y como ha ocurrido en más de una ocasión en la vida real, que el ser humano comete errores y que por tanto las personas que defienden, acusan, investigan y juzgan a alguien, en definitiva los integrantes del ordenamiento jurídico puedan cometer errores que lleven a inocentes a cumplir condenas de tal calibre.

Es cierto que estos son los menos de los casos, vuelvo a insistir en mis fuertes ideales de joven abogado, y quiero pensar que nuestro ordenamiento acierta con la gran mayoría de decisiones judiciales que toma. Pero siempre cabe esa posibilidad de error. No estamos libres de ello. Nadie lo está.

Este artículo no viene a ser una defensa de esos casos en los que, por desgracia, la reinserción social ha fracasado, y lo ha hecho de la manera más sangrante. Sin duda estos son los casos que generan un estado de opinión contrario y hacen que la reinserción sea puesta en el punto de mira. Pero lo que si pueden existir son posibilidades para mejorar esas estadísticas de la reinserción social, para así evitar en un futuro lo más cercano posible que esas graves situaciones vuelvan a ocurrir, alcanzando un punto en el que nuestro sistema jurídico y las medidas aplicadas por la sociedad española nos permite decir con orgullo que la reinserción social existe.

Por desgracia, y como ocurre con cualquier teoría, siempre habrá excepciones, y siempre habrá casos que rompan la media estadística. Pero confío y espero en que puede lograrse una mejoría abrumadora en ese sentido.

Sin más, no quiero desaprovechar la ocasión para recomendar la obra a quien aún no haya tenido la ocasión de disfrutar con la obra cinematográfica y literaria con la que inicia este artículo, y a aquellos que ya lo han hecho, que vuelvan a disfrutar de la misma una vez más en estos tiempos que corren. Quizás tras su visionado sea un buen momento para que cada uno se plantee si sería bueno dar “un voto de confianza a la reinserción social”.