Esta pregunta que algunos hijos hacen a sus sufridos, y sufridores, padres, es similar, o a mi me recuerda, a la que muchas veces me han hecho y, algunas menos, me he hecho yo mismo.

Por un lado, cuando en las noticias de sucesos publican la detención de una persona acusada de algún delito de los que, por las circunstancias concurrentes, los medios de comunicación se hacen especialmente eco (ejemplos sobran a diario) y, directa o tangencialmente, se hace presente en esa noticia el abogado que va a hacerse cargo de la defensa del detenido, siempre hay alguien que me pregunta: ¿cómo se puede defender a alguien así? y/o ¿tú, abogado, serías capaz de defender a una persona de esa calaña?.

La respuesta es, invariablemente, sí.

A continuación viene la réplica, ¿pero cómo es posible?, ¿cómo dices eso?, ¿es que no tienes alma, no ves lo que ha hecho?, ¿cómo se puede ser abogado?, ¿por qué eres abogado?. Y, si el ánimo encendido de quien pregunta te deja contestar, le das la respuesta.

¿Por qué?: Porque mi intervención es absolutamente necesaria para que se restablezca la Justicia. Porque una sentencia que se dicte y que, en su caso, sea condenatoria para la persona a la que se imputa un delito, solo puede ser justa si para su dictado ha habido un procedimiento en el que haya una parte que acuse, otra parte que, con las mismas armas de la acusación, defienda, y un tercero, imparcial e independiente, que juzgue. Por eso mi respuesta es sí.

Que los abogados defendamos las causas que defendemos no significa que comulguemos, o nos identifiquemos, con las mismas; si defendemos a una persona acusada de cometer una estafa no quiere decir que pensemos que está bien estafar, o que no comprendamos el perjuicio sufrido por los estafados; pero si entendemos que nuestro papel, nuestra actuación, es totalmente indispensable para que se restablezca la Justicia, para que la sentencia que se dicte y que ponga fin a ese conflicto sea justa, ya que se ha dictado por un Juez imparcial e independiente que ha atendido a los argumentos que, en igualdad de condiciones, han ofrecido los representantes, portavoces, de los intereses que estaban en conflicto. Sin la intervención paritaria de esas dos partes, quien ha de decidir no podrá aproximarse, no podría desvelar, la verdad de unos hechos que siempre tienen, como mínimo, dos caras.

Por otro lado esa pregunta, ¿por qué soy abogado?, también termino por hacérmela yo de cuando en cuando, porque si ponemos en un platillo de una balanza las “victorias”, los “trofeos” o los “campeonatos” ganados y en el otro el “entrenamiento” que has tenido que hacer y que, continuamente, sigues haciendo, el tiempo dedicado a ello, el tiempo que, por ello, no has dedicado a quienes seguro tendrías que haber dedicado, las “lesiones”, las “derrotas”, que siempre se recuerdan, y cuyos efectos duran mucho más que las victorias, la respuesta es también siempre la misma a la que haces cuando te preguntas ¿por qué soy del Atleti?:

Porque me gusta lo que hago, porque tengo vocación por lo que hago y porque, a pesar de todos esos contras que someramente he descrito y que son muy fáciles de imaginar, no concebiría ser de otra forma, por eso, soy del Atleti … (aunque tenga alma merengue).