¿Hasta dónde llegaría un YouTuber por conseguir más visitas y suscriptores? Como en numerosos ámbitos, llegar al límite es peligroso, tanto, que un simple video colgado en la red puede ser un hecho delictivo, sí, se puede cometer un delito con el simple gesto de compartir con el mundo una grabación.

Pero…¿todo tipo de vídeos? Aquí hemos de decir que no, en el gran universo de YouTube nos encontramos desde vídeos que nos aportan conocimientos fáciles, hasta el simple entretenimiento o cotilleo. Aunque no siempre es así, puesto que hay personas que sobrepasan los límites.

“¿Qué quieres ser de mayor?” Con el paso de los años, la respuesta a esta pregunta ha ido variando según las generaciones transcurridas. Antiguamente, la respuesta solía ser variada: médico, profesora, bombero, enfermera… sin embargo, en la actualidad, la respuesta es cada vez más abundante y totalmente nueva: “quiero ser YouTuber ”.

Es fácil elegir esta “profesión” para un niño o adolescente (si la podemos considerar como tal), puesto que como ventajas tiene: flexibilidad horaria, poder de elección para grabar en un amplio abanico de lugares, ser tu propio jefe, recibir retribuciones en especie muy generosas, amplias compensaciones económicas (un YouTuber consolidado puede ganar en España en torno a los 2.000 o 3.000 euros al mes si tiene seguidores y sabe cómo y cuándo publicar los vídeos, aparte de las comisiones)…ahora bien, ¿cuáles son los inconvenientes?

Como bien dijo Jean Paul Sartre: “Mi libertad se termina donde empieza la de los demás.” Esta cita aplicada al caso, viene a decir que todo tiene límites, hasta el mundo de YouTube.

Es muy difícil transmitir lo que se quiere a través de una pantalla o a través de una grabación, y si no, que se lo digan a un estudiante de comunicación audiovisual de Zaragoza, que sólo tenía intención de publicar una crítica al establecimiento IKEA y acabó siendo condenado a seis meses de prisión más el pago de 5.000 euros en concepto de responsabilidad civil por un delito contra la integridad moral.

Este YouTuber no supo medir ni apreciar la gravedad de las consecuencias. El condenado, mayor de edad, como resultado de ver un anuncio elaborado por el establecimiento IKEA (2013), donde un niño de 10 años de edad salía cantando en una de las escenas, elaboró un video que tituló “El fin del niño de IKEA”, donde se le veía llegando a un establecimiento de dicha cadena y sacando una pistola de su bolsillo dispara en el pecho a la imagen del menor, embadurnando la pantalla de chorros de sangre, entre otras escenas igualmente denigrantes.

El video fue elaborado con total profesionalidad y pudo visionarse en toda España, concretamente por más de 22.000 personas. En primera instancia fue absuelto por el Juzgado de lo Penal, pero los padres del niño recurrieron hasta que la Audiencia Provincial lo condenó, constituyendo a juicio de la Sala “un summun del trato más degradante que puede dársele a un niño”.

El YouTuber reconoció totalmente los hechos manifestando que no creía estar ofendiendo a nadie, pues su intención era criticar al establecimiento IKEA. Por este hecho fue condenado, aunque con la aplicación de la atenuante analógica de confesión, a seis meses de prisión más el pago por responsabilidad civil. Igualmente se condenó como responsable civil subsidiario a la Sociedad Mercantil “GOOGLE INC.” al pago de los 5.000 euros.

Este estudiante claramente sobrepasó los límites pero, ¿y los padres que se lucran de un negocio a través de sus hijos? Puesto que es difícil reconocer la línea que separa el hobby de un niño al de un negocio de cara imberbe alentado por sus padres, ¿dónde está el tope?

Ejemplo de esto son varios canales de YouTube protagonizados por menores como La Diversión de Martina (casi un millón de suscriptores y doscientas millones de reproducciones en dos años) o Los juguetes de Arantxa (casi 600.000 suscriptores y trescientos millones de visitas en dos años y medio, con apariciones de su madre y una fuerte cantidad de enlaces referidos a Amazon con los que obtiene comisiones, 3.000 euros de ganancias mensuales en promedio con picos de hasta 7.000 euros) entre otros.

¿Y tú? ¿Estás sobrepasando los límites? Si necesitas saber la respuesta no dudes en contar con el asesoramiento de nuestro equipo en Torres Abogados.