El pasado 14 de abril se conmemoró en España la proclamación de la II República, primer régimen democrático instaurado en España en el siglo XX, y que rigió en nuestro país desde el 14 de abril de 1931, hasta el 1 de abril de 1939, cuando se puso fin a la Guerra Civil, dando paso al régimen franquista. En ese momento, la República dejó de existir, pero sus instituciones se mantuvieron en el exilio, debido a la huida de la mayoría de sus miembros.

Al margen de ideologías políticas, lo cierto es que durante ese periodo de nuestra Historia, el espíritu reformista con el que nació, sirvió para conseguir muchos avances políticos y sociales, que supusieron un intento de modernización de un país empobrecido, desigualitario, dominado por los grandes latifundistas, banqueros, nobles, militares y la Iglesia Católica. Sin duda, todo ello dificultó de forma grave y considerable la instauración de una democracia social.

Ni se ha escrito mucho, ni tampoco se habla lo que se debiera, de los logros de la República, sino únicamente de los conflictos internos entre las izquierdas y su dramático final; sin embargo, la reforma agraria, los avances en materia de derechos civiles, la educación pública, la igualdad de la mujer, y la cultura como bandera, para instruir a campesinos y mujeres.

Durante la República se aprobó la Constitución de 1.931, que supuso un avance en reconocimiento de derechos, y en la organización del Estado: se fundamentaba en la igualdad de todos los españoles ante la Ley, al proclamarse como una República de trabajadores de toda clase; el principio de laicidad, eliminando la religión de las cuestiones políticas; reconocimiento del matrimonio civil y del divorcio; derecho al sufragio activo y pasivo de todos los españoles de ambos sexos, mayores de 23 años; el poder legislativo lo tenía el pueblo que lo ejercía a través de una única cámara -Cortes o Congreso de los Diputados-; y que el Jefe del Estado sería elegido por un colegio de compromisarios y diputados, nombrados a su vez en elecciones generales. La imposición de una única cámara supuso la eliminación de una segunda cámara de clases privilegiadas, la agilización de la aprobación de las leyes, listas abiertas y dos vueltas en las elecciones. Se eliminó la pena de muerte y se abrió la vía a las autonomías, además de la descentralización del Estado.

Las trabajadoras pudieron acceder al Seguro Obligatorio de Maternidad y las reformas en educación, familia, y trabajo, consolidaron los derechos de las mujeres. Se prohibió el despido por contraer matrimonio o por maternidad, se abolieron las asignaturas domésticas, y se crearon escuelas nocturnas para trabajadoras.

Creo que después del reconocimiento de los derechos civiles en igualdad para las mujeres, la despenalización del adulterio femenino, el sufragio femenino, activo y pasivo, las leyes del divorcio, matrimonio civil y los derechos de los hijos ilegítimos, la gran apuesta y el gran avance de la República, fue la EDUCACIÓN Y LA APUESTA POR LA CULTURA. En el primer bienio, la gran apuesta fue la construcción de escuelas y centros de instrucción, posibilitando la educación y el acceso a la cultura en todas las zonas rurales, en un momento en que la mayor parte de la población era analfabeta, siendo Unamuno el nombrado para colocarse al frente de la Consejo de Instrucción Pública; la importante inversión económica en educación, muestra esa voluntad de fomentar la enseñanza y llevarla a todos los ciudadanos. Se dejó de segregar a los alumnos por sexo y se dio prioridad a la escuela pública, obligatoria, laica y mixta, además de posibilitar el acceso de todos los ciudadanos, sin distinción alguna por razón de clase social. Se crearon las Misiones Pedagógicas y las Colonias Escolares, se reforma la Universidad, se forma a maestros y profesores, creando el Plan Profesional para los maestros, se elevó la carrera de Magisterio a categoría universitaria.

Se revolucionó también el sistema educativo, enfatizado en los alumnos que se convirtieron en prioridad: las aulas eran mixtas, se educaba en igualdad, se favoreció el acceso a la Universidad, se educaba atendiendo a las capacidades de los alumnos y no a su situación económica, se introdujo el debate participativo y pedagógico, se sacó a los alumnos de las aulas para impartir determinadas materias y la religión dejó de ser una asignatura obligatoria. Se respetó la lengua materna de los alumnos y, aun siendo el castellano el idioma oficial de la República, fueron lenguas cooficiales el catalán y el euskera.

La Cultura, también sufrió una importante reforma, invitando a leer a la población como símbolo de la República, creándose incluso bibliotecas ambulantes. Las misiones pedagógicas, ligadas a la Institución Libre de Enseñanza, llevaron la cultura y la educación a los pueblos más atrasados; profesores y estudiantes llevaron hasta los lugares más recónditos reproducciones de pinturas, esculturas, películas, museos ambulantes, y se representaban obras de los clásicos españoles; llevaban libros y medicinas, participando también el Grupo Teatral La Barraca. En este periodo, el cine español evolucionó notablemente, considerándose de las creaciones en este género más importantes a nivel internacional; y la importante creación literaria denominada, confirmando la Edad de Plata de la Literatura Española; la Generación del 27, que logra su plena madurez en este periodo republicano: Federico García Lorca, Rafael Alberti, Vicente Aleixandre, Pedro Salinas, Juan Ramón Jiménez, etc.

Si a todo ello añadimos el resto de avances y reformas laborales, sociales y políticas, se pretendió modernizar una sociedad analfabeta y condicionada por los grandes estamentos privilegiados del Estado. Muchas de las reformas pretendidas, no pudieron llevarse a cabo en su plenitud, debido a la falta de recursos económicos, y a los impedimentos derivados de las políticas conservadoras del Segundo Bienio, llamado el Bienio Negro, que frenó la inversión en educación, y paralizó otras tantas reformas iniciadas en el Bienio anterior.

Finalmente, el término de la Guerra Civil, y la imposición del régimen franquista, supuso un importante retroceso en derechos y libertades, en educación, en cultura y en igualdad. Desaparecieron las bibliotecas ambulantes y se quemaron libros en hogueras públicas; los derechos de la mujer se vieron seriamente diezmados, y, en algunos aspectos, no se ha recuperado esa situación de igualdad que se vivió en la República; se proclamó el matrimonio católico como el único válido, se derogó la ley del divorcio; desapareció la escuela laica, la autonomía regional; las mujeres, desaparecieron de las instituciones, de la vida pública, y fueron relegadas al papel de amas de casa. La Iglesia retoma el poder sobre la enseñanza, y se segrega de nuevo por sexos, y de imparten asignaturas “adaptadas al dogma y la moral católica”; se podría decir que se retrocedió, sobre todo las mujeres, más de medio siglo en derechos; su lugar en la sociedad volvió a ser el de “esposa y madre”, vuelven a depender del hombre y se las considera menores de edad; se vuelve a penalizar el adulterio femenino.

Como decía al principio, y aparte de la ideología personal de cada uno, lo cierto es que el avance que supuso para España, el sistema educativo, social y político implantado por la República, es incontestable; el desarrollo cultural, la consolidación de la educación y la sanidad públicas, la introducción de un sistema parlamentario y democrático, libertad ideológica y de pensamiento, sufragio universal, separación de poderes, igualdad entre hombres y mujeres, separación Iglesia-Estado, libertad de manifestación y reunión…

Fue uno de los periodos más importantes en cuanto a derechos y libertades, que no se puede obviar, y que por eso, hoy, debemos recordar.