Tal día como ayer, un primero de octubre de 1931, se aprobó en las Cortes de España, que las mujeres tuvieran derecho al voto, gracias a la tenacidad, a la lucha y a la creencia en la igualdad de sufragio como concepto fundamental de lo que debe ser un Estado de Derecho que tuvo Clara Campoamor.

Clara Campoamor ha sido durante mucho tiempo, la gran olvidada de la Historia de España, siendo la gran valedora de los derechos de la mujer en nuestro país. Nació en Madrid, el 12 de febrero de 1.888; con tan solo 10 años, y como consecuencia de la muerte de su padre, tuvo que dejar de estudiar para ayudar a la economía familiar, trabajando como modista, dependienta, telefonista, hasta que en junio de 1909, consigue una plaza en el Cuerpo de Correos, y fue destinada primero en Zaragoza, y luego, en San Sebastián. En 1914, vuelve a Madrid, al aprobar con el primer puesto, una oposición en el Ministerio de Instrucción Pública. Trabaja también como secretaria en el Diario La Tribuna, lo que la permitió conocer a gente del mundo de la política, y, en 1916, ingresa en el Ateneo de Madrid.

En 1920, retomó sus estudios de Bachiller, y en 1924, se matricula en la Facultad de Derecho, licenciándose el 19 de diciembre de 1924, a la edad de 36 años, pasando a ejercer la profesión de abogada, siendo una de las primeras mujeres juristas de España, colegiándose en el año 1925. Intervino en numerosos procedimientos judiciales, siendo conocido el procedimiento de filiación en el que actuó defendiendo a la madre solicitante, y en el que fue su contrario Niceto Alcalá-Zamora, que tiempo después, se convertiría en Presidente de la República.

Tuvo también una intensa actividad como conferenciante en la Asociación Femenina Universitaria, en la Academia de Jurisprudencia, defendiendo siempre la igualdad de derechos de la mujer y la libertad política, en los X y XI Congresos Internacionales de la Protección de la Infancia en París, en los años 1926 y 1928, siendo nombrada vocal suplente en el Tribunal de Apelación de los Tribunales Tutelares de Menores.

Al proclamarse la II República, el Decreto de 8 de mayo de 1931, permitió por primera vez que la mujer pudiera ser elegida en unas elecciones, pero, sin ser electora, y Clara Campoamor fue elegida diputada por el Partido Radical; también fue elegida diputada en esas elecciones, Victoria Kent. En este contexto de cambio, se decide que debe redactarse una nueva Constitución, y el 28 de junio de ese mismo año, se formó la Comisión de la Constitución, encargada de elaborar el proyecto de Constitución de la Nueva República, integrada por 21 diputados, entre los que consiguió estar, con muchísimo esfuerzo, y sorteando todos los obstáculos que iban apareciendo, Clara Campoamor. En las discusiones de dicha Comisión, Clara luchó por establecer la no discriminación por razón de sexo, la igualdad jurídica de los hijos e hijas habidos dentro y fuera del matrimonio, el divorcio, y, el sufragio universal –llamado voto femenino-. Consiguió que se admitiera y se incluyera en la Constitución todo, excepto lo relativo al voto femenino, que tuvo que debatirse en las Cortes.

El problema que se planteó para negar sistemáticamente el derecho de las mujeres al voto por gran parte de los diputados de las izquierdas, y algunos republicanos, se fundamentaba en que se consideraba a la mujer muy unida a la Iglesia, sometida al criterio de sus maridos, y que, en consecuencia, votarían a la derecha, y que las mujeres eran histéricas por naturaleza; y, lo más sorprendente, que otra mujer, Victoria Kent, se mostrara tan vehemente contra el voto de las mujeres.

Finalmente, el intenso debate final, celebrado el 1 de octubre de 1931, fue todo un acontecimiento, y tras las El debate final, celebrado el 1 de octubre, fue todo un acontecimiento: Clara fue considerada la vencedora, con réplicas brillantes para todos sus opositores, y se aprobó el artículo 36 de la Constitución, que posibilitó el sufragio femenino en España, con 161 votos a favor, y 126 en contra. Apoyaron a Clara la mayor parte del Partido Socialista, buena parte de la derecha, casi todos los diputados de ERC, y pequeños grupos republicanos.

Curiosamente, en las siguientes elecciones celebradas en España, en 1.933, en las que por primera vez votaron las mujeres, Clara no volvió a ser elegida diputada, obteniendo mayoría las derechas. Culpada por toda la izquierda de la derrota, publica una carta en el Heraldo de Madrid el 26 de noviembre de 1936, analizando los resultados, y concluyendo que las causas de la victoria conservadora, se debían, entre otras cosas, en la escisión del bloque republicano y la falta de eficiencia del Gobierno en determinados asuntos, citando expresamente la Ley Agraria. Quiso volver a la política, pero su solicitud para ingresar en Izquierda Republicana, fue denegada, tras someterla a la humillación de abrirle expediente y votar en público su inadmisión, siendo un golpe muy duro para ella. Decepcionada, y fuera de toda actividad política, en los primeros meses de 1932 escribió El voto femenino y yo: Mi pecado mortal.

Al estallar la Guerra Civil española, se exilió a Suiza, al sentirse en peligro. La dictadura inició expedientes contra ella; un expediente de responsabilidades políticas, un expediente del Tribunal de la Represión de la Masonería y el Comunismo, e incluso se la acusó de haber sido vocal de la Liga de los Derechos del Hombre de 1934. Fue despreciada y criminalizada, y volvió en diferentes ocasiones a España, pero rápidamente lo abandonaba para no tener que cumplir pena de prisión. Posteriormente, vivió en Buenos Aires, donde trabajó como traductora, y en 1955 se trasladó a Lausana, donde trabajó en un bufete de abogados hasta que perdió la vista.

Murió de cáncer en 1972, a los 84 años de edad, y sus restos mortales fueron trasladados posteriormente a San Sebastián.